lunes, 13 de septiembre de 2010

Auparse a hombros de gigantes

Hace algún tiempo, años, estuvimos José Ramón, Fernando y yo discutiendo sobre la influencia de pertenecer a un grupo de gente especialmente brillante. El campo era la Literatura y José Ramón sostenía que cualquiera de nosotros en el grupo de Surrealistas francés de los años 20 del siglo pasado, hubiese estado al nivel de Bretón o Artaud. Fernando y yo nos encontrábamos en el lado opuesto, de donde no hay no se puede sacar y pensábamos que en nosotros nada había que nos hiciese comparables a Octavio Paz, pongamos por caso, por más contacto con genios que hubiésemos tenido.

Mi última adquisición en Waterstone's ha sido «Quantum» de Manjit Kumar, y en el primer capítulo leo que once de los estudiantes de Ernest Rutherford fueron galardonados con el Premio Nobel de Física, como él mismo lo fue. Kumar califica a Rutherford de «carismático», y uno duda y no sabe si fue el gran físico carismático el que atrajo a estudiantes geniales, o si alimentándose en el caldo de cultivo del laboratorio de Rutherford no cabía más salida que ser brillante, como un Obelix cayendo en la marmita del genio de la Física.

Después de tanto tiempo, empiezo ha sentirme atraído por el punto de vista de José Ramón, quizás sólo sea por la enorme satisfacción que me produce releer un libro de Física, quizás sea porque cualquier tiempo pasado fue mejor, y el de estudiante lo fue.

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